La Cultura Chavin

180px-mapa_cultura_chavin3

Ubicación
Entre el año 1.200 a.C. y el 200 a.C., tuvo lugar un movimiento cultural-religioso cuya area de influencia se extendió desde Lambayeque hasta Palpa (Ica), por la Costa y desde Cajamarca hasta Ayacucho, por la Sierra.

 Cerámica
En 1919 y 1924, durante sus visitas a Chavín, Julio C. Tello halló algunos fragmentos de cerámica con rasgos determinados. Al haber definido a Chavín como una época de la historia del Perú, identificó su cerámica como negra, oscura y decorada con incisiones y diseños en relieve. Cuando descubrió que ésta se parecía a la que Max Uhle había hallado en Supe y en Ancón, atribuida a los llamados “pescadores primitivos”, y a la que se había hallado en el valle de Chicama, cuyas piezas mostraban íconos parecidos a los de las litoesculturas chavinenses, Tello caracterizó a Chavín como la época más antigua de la cultura peruana, cuyo centro estaba ubicado en una zona de sierra próxima al río Marañón: Chavín de Huántar.

Luego de la década de 1920 comenzaron a aparecer evidencias de cerámica oscura e incisa en otros lugares de la costa y la sierra del Perú, que fue denominada erróneamente Chavín o chavinoide. Este hecho generó una gran confusión, pues, como se reveló durante la segunda mitad del siglo XX, esta cerámica en realidad se había producido a lo largo de muchos siglos y no había estado necesariamente ligada a Chavín. En la selva del río Ucayali (Tutishcainyo), en Huánuco (Wayra Jirka), en otras zonas de la sierra y en la costa los ejemplos más antiguos tienen estas mismas características. Algunos de ellos fueron establecidos por Tello e incluidos en su complejo Chavín, pero los anteriores a la época de las litoesculturas y de los grandes templos de Chavín de Huántar, no. Estos últimos se conocieron gracias a investigaciones posteriores que se hicieron en muchos lugares de la costa, como Ancón y Guañape, o de la sierra, como Huánuco (Kotosh) y Cajamarca (Pandanche y Huacaloma).

En Ancón, más que en ningún otro lugar, se encontró una larga secuencia de cerámica. En ella se logró identificar una ocupación con los rasgos propios del estilo Chavín relacionada al Horizonte Temprano y otra anterior de larga permanencia, que se ubica en la etapa Inicial, llamada también Formativo Inferior.

En cuanto a términos de espacio, el afinamiento de los estudios realizados en base a la cerámica ha permitido distinguir diferencias regionales y locales significativas y segregar áreas en las que es reconocible alguna o ninguna vinculación con Chavín.

El primero en reconocer esto fue Rafael Larco Herrera, quien reclamó la necesidad de distinguir el estilo Cupisnique -la cerámica del valle de Chicama que Tello reconocía como “Chavín clásico”- del estilo Chavín. Las investigaciones posteriores fueron dándole la razón a Larco, restringiéndose de esta manera la esfera de influencia de Chavín a los territorios de Ancash, Huánuco y Lima.

Por otro lado, en las regiones de Cajamarca, Lambayeque y Jequetepeque se desarrolló una cerámica similar en algunos aspectos a la de Cupisnique, mientras que en Ica se iba desarrollando la cerámica Paracas, emparentada de alguna manera con la de la sierra de Huancavelica y Ayacucho y la de Chavín. En Apurímac, Cusco y el lago Titicaca las evidencias dan cuenta de una cerámica con rasgos propios claramente diferenciados.

De este modo, la cerámica ligada a las litoesculturas que definen el estilo Chavín quedó restringida a la región centro-norte del Perú y a un período de esplendor que puede fecharse entre los siglos X y IV a. C. Es a esa época, al siglo IX, a la que pertenecen las hermosas piezas encontradas en la Galería de las Ofrendas, donde las modalidades Dragoniana, Qotopukyo y Floral tuvieron tan magnífica presencia.

Todavía están por descubrirse las varias fases que tuvo la historia de estas modalidades del estilo Chavín, pues todo nos hace pensar que se trata de cerámica que no representa más que los usos y gustos de una o dos generaciones de alfareros. También está en proceso de investigación la procedencia de estas modalidades y de las demás representadas en la galería, donde sin duda se reunieron ofrendas de artesanos de las tierras de Cupisnique, Cajamarca, Huánuco y la costa central. Las distintas técnicas que se usaron para hacer vasijas con las mismas formas nos llevan a inferir que se trataba de alfareros que tenían tradiciones, expresiones artísticas y arcillas diferentes y que había distintos centros de producción que, además, cubrían un “mercado” de consumo diverso, de carácter local o regional.

Templo de Chavín de Huántar
En Chavín de Huántar -capital de esta cultura- se encuentran las principales construcciones de los chavín, en un lugar donde se unen los ríos Puccha y Mariash (afluentes del río Marañón). Una de estas construcciones es el templo o castillo de Chavín, que está construido de piedras magníficamente labradas. Los bloques de piedra forman tres plataformas las que se asciende por medio de escalinatas de piedras. Su interior es un autentico laberinto de corredores. En uno de ellos se encuentra un jaguar esculpido en piedra. Este animal era considerado como un ídolo por los habitantes del castillo. En este templo también se han encontrado hermosos trabajos de escultura, entre ellos el lanzón monolítico, monumental ídolo de granito.
En 1940, el arqueólogo peruano Julio C. Tello encontró algunas grandes piedras de las dos hileras inferiores.
En 1957, el arqueólogo peruano Jorge C. Muelle, encontró columnas de dos metros de altura, echando por tierra la creencia de que en el Perú antiguo se desconocía las columnas.

Una puerta y sin ventanas
El templo de Chavín de Huántar tiene una sola puerta. No cuenta con ninguna ventana, aunque sí con tubos de ventilación. Posee pequeñas habitaciones con techos construidos con piedras planas y lisas. Sus pasajes o corredores subterráneos no conducen a ninguna parte, interrumpiéndose de manera desconcertante, siempre ante un muro de piedra. No se ha dado ninguna explicación sobre este particular, pero se sospecha que sean depósitos de ofrendas de carácter religioso.

Cabezas clavas
Sus muros están adornados con esculturas líticas conocidas como “cabezas clavas”. La parte superior de los muros estaba rematada con cornisas de piedra grabadas en alto relieve. Según el estudioso Vásquez de Espinoza, el templo de Chavín de Huántar era un santuario como el de Roma o Jerusalén, donde las multitudes acudían en peregrinación a rendir culto a sus dioses, uno de esos dioses el principal era el jaguar, felino que está presente en todas las manifestaciones culturales del pueblo chavín.
Eran imitaciones simbólicas de cráneos degollados de enemigos vencidos. Esta costumbre estaba bien arraigada entre los cazadores de la Amazonia. Eran algo así como «cabezas trofeos», reproducidas en piedra, que representaban seres monstruosos, mezcla de felinos y seres humanos. Eran esculturas monolíticas que se hallaban magníficamente empotradas en los muros exteriores del templo de Chavín de Huántar. Por lo general sus dimensiones eran los siguientes:
• Altura: 50 cm
• Circunferencia frontal-mentón: 160 cm
• Diámetro de la cara: 60 cm

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: